La insoportable (e insostenible) levedad del correo electrónico (III)

Hasta ahora he hablado, algo desordenadamente, de la impresión y del almacenamiento de mensajes (y de información en general). Hoy querría comentar la cuestión de los envíos y reenvíos.

(Re)Envíos (masivos)

Si cuando hablamos de almacenamiento las inmensas capacidades de los dispositivos nos hacen perder el mundo de vista y no tenemos ninguna conciencia del impacto de nuestra actividad, en los envíos esta disociación ya llega a su máximo. Nuestra conexión a Internet es como un embudo (bidireccional) que se lo traga todo. La combinación banda ancha + tarifa plana, que ya es prácticamente omnipresente en nuestras organizaciones, nos hace pensar que enviar y recibir información tiene un coste unitario despreciable.

As√≠, enviamos y reenviamos miles y miles de correos, muchos de los cuales quiz√°s no ser√°n le√≠dos por gran parte de los destinatarios, especialmente todos los que tienen que ver con cadenas, supuestas amenazas telem√°ticas (alg√ļn d√≠a hablaremos de ello), presentaciones animadas (los famosos powerpoints) y tantos otros casos que todos conocemos.

Nota: podemos pensar que nuestros env√≠os son rid√≠culos en comparaci√≥n con el spam que circula por la red, pero esto es cierto s√≥lo a medias. Los mensajes de spam son de peque√Īo tama√Īo (los spammers pueden ser muchas cosas pero no son burros), de forma que un t√≠pico mensaje nuestro enviado a una veintena de direcciones con un adjunto de 1 MB (el cl√°sico “mira qu√© powerpoint m√°s lindo”) puede equivaler, en t√©rminos de tr√°fico, a ¬°4000 mensajes de spam! De hecho, podemos ver en este art√≠culo, a pesar de que ya es algo viejo, que la relaci√≥n entre correo basura y correo leg√≠timo se decanta por el primero en n√ļmero de mensajes, pero claramente por el segundo en t√©rminos de tr√°fico).

De todos modos, ¬Ņes realmente cierto que no hay costes significativos asociados al tr√°fico que generamos? No tengo datos precisos, lo admito, pero el caso es que para hacer frente al crecimiento imparable de la demanda de capacidad de transmisi√≥n de datos (no s√≥lo para correo) necesitamos cada d√≠a m√°s y m√°s antenas, kil√≥metros de cables y equipamiento de todo tipo y, l√≥gicamente, recursos energ√©ticos para mover toda esta informaci√≥n, puesto que los bits necesitan que alguien los empuje.

Concluir√≠a, pues, diciendo que animo a todo el mundo a disfrutar de las mil posibilidades, facilidades y ventajas que el correo (y las TIC en general) nos ofrece, pero tratando de no usarlo de un modo tan abusivo que acabe provocando, por ejemplo, que alg√ļn d√≠a nos toque pagar por cada mensaje enviado, como ya se ha propuesto m√°s de una vez.

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